18/7/10

La foto que no saqué...



No soy adicta a la fotografía, no tengo una buena cámara ni me preocupo por sacar fotos artísticas. Lo único que me interesa cuando saco una foto es guardar para siempre ese momento.
No obstante,¡hay tantas fotos que no tengo!...Es decir, tantos recuerdos grabados inmutables en la memoria, o el corazón o no sé en dónde, pero que permanecen ahí, tan vívidos y campantes, y no tengo ni una mísera foto de esos momentos. Ahora con las cámaras digitales es una papa tener registrado todo, ahora saco muchas fotos. Pero, por ejemplo, las fotos más lindas de mis hijos no las tengo yo, las tuvo mi suegra que tenía una buena cámara y plata para comprar rollos y hacerlos revelar. Estoy segura que Santiago y Beatriz también deben tener buenas fotos de mis hijos.
Me fui de tema, lo que quería decirles es que hay larguísimos períodos de mi vida de los que no tengo una sola foto. Por ejemplo, en mi niñez no había cámara en mi casa: o te sacaba el fotógrafo en la escuela o en alguna ocasión especial o ibas a la casa de fotos para que el fotógrafo te retratara.
Aún así, hay en casa varias cajas de fotos que guardan la vida de mi familia. Pero ésa que subí hoy aquí vale oro. Esa foto era un slide de 2x2 y para verla había que asomar el ojo a uno de aquellos tubitos de plástico y enfocar a la luz. Me la rescató del tubito Santiago no sé con qué magia y es de los regalos más preciados que me ha hecho en nuestra larga amistad.
Durante algún tiempo esa foto sirvió para que algunos descreídos -léase pa'los contra- vieran que mi hijo Felipe, al menos a la misma edad que yo tenía en esa foto, era idéntico a mí.
Pero no es por eso que esa foto vale tanto para mí. Esa foto -no lo van a poder creer- es la única foto que tengo en la que estoy con mi padre.
Mi hermano, mi padre y yo; de tarde, 6 de enero; en el costado de la casa de mi abuela, a quien habíamos ido a visitar. Yo tenía cinco años, mi hermano nueve. Fue un día feliz, porque era el día de Reyes y nos habían dejado muchos regalos, también el vestido y los zapatos que estrenaba ese día. Pasó el fotógrafo ofreciendo, casa por casa, sacar una foto*.
Me gusta ver a mi padre en esa foto. Tiene el gesto de estar diciendo "estos son mis niños, miren qué divinos". Si observan bien, tenemos el mismo corte de cara, la boca idéntica, los ojos y la frente muy parecidos. Quienes nos conocen saben que también tenemos la misma sonrisa y la risa igual.
Pero no era ésta la foto que yo hubiera querido subir. La que hubiera querido compartir hoy, la que más guardo no la tengo, nunca la saqué: él, después del apretado abrazo, haciéndome adiós con la mano, dejando volar un beso para mí y regalándome su sonrisa mientras yo me alejaba por 18 de Julio mirándolo por la ventanilla del 188 y él se quedaba parado para siempre en la esquina de Juan Paullier.
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A mis amigos que pasan por aquí y son papás y abuelos y padrinos, y sé que son capaces de quedar grabados en el corazón de sus hijos, nietos y ahijados por muchas cosas más significativas e importantes que una foto, a todos ellos les deseo:
¡¡¡ FELIZ DÍA!!!
Y a mis amigos y amigas les pregunto qué foto de las que están con su padre y que guardan en el corazón, porque nunca la sacaron con la cámara, subirían hoy en homenaje al Día del Padre.
Dale, si te animás contá tu foto.
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*Lindo tema para un post: "oficios que ya no existen".

11/7/10

No me importa,no me importa, no me importa...

Juro que no me importa. La verdad es que el resultado era lo de menos. Ya les dije que el lunes aquí será una fiesta, que hasta se suspendieron las clases para salir a festejar, que cada partido que ganábamos (y ya estoy hablando en primera persona del plural y metiéndome en el equipo, lo que muestra que estoy totalmente agrandada) era una especie de milagro que al principio nos costaba creer.
Pero de a poco nos fuimos agrandando e ilusionando cada vez más con esos muchachos y esos triunfos. "¡Vamos que podemos!", dice el Pepe, y sentimos que sí que se podía. Si el Pepe es presidente, ¿por qué la Celeste no iba a poder ser campeona?
Cuando Forlán hizo el segundo gol ya fue la apoteosis. Me encantó que la Celeste les jugara de igual a igual y que en ningún momento se las hubiera dejado fácil, me encantó tenerlos con el corazón en la boca hasta el último instante.
No me importa el resultado, es decir haber perdido,alguien tenía que ganar aunque fuera el enemigo; además, nosotros estamos ganando desde que entramos a octavos de final; todo lo demás fue regalo a la esperanza.
¡Pero cómo me hubiera gustado que el travesaño no se hubiera interpuesto entre nosotros y la victoria y que la última pelota lanzada en el último instante del partido les hubiera agujereado la red!
El albariño virtual lo abriremos mañana, cuando la Roja le pase por arriba a esos insípidos naranjas... Hablando en serio, albariño no tengo ¿pero sirve el medio y medio?...

6/7/10

Los clásicos y nosotros *

"No me clavarás la pica en la espalda, huyendo de ti: atraviésame el pecho cuando animoso y frente a frente te acometa ,si un dios te lo permite."

¡¡¡¿¿¿Qué decir!!!???, queridos míos. ¡Que final!...¡Qué lo parió!, hasta el último instante con la ilusión de que-aunque fuera con los muñones- podíamos empatar. Esto es prácticamente la gesta artiguista, o un acto homérico.Y eso no hay plata con que se pague.

Lo de hoy debe ser lo que algunos llaman "garra charrúa" y que yo prefiero llamar "sentido del honor", "compromiso", "sentido de pertenencia", "entrega total", o aquello que tan bien aprendimos con el Mingo cuando estudiábamos La Ilíada: la búsqueda del ideal heroico, de la gloria; ya que la vida es breve, se acepta "morir pero dejando un cúmulo de gloria entre los hombres para vencer al tiempo y a la muerte". Y disculpen la comparación pero, ya que estaba con aquello de la medallita de Palas Atenea y todo eso, ¿por qué no compararnos con aquellos héroes homéricos, con los que "iban a la muerte con los ojos abiertos" y jugándosela todo íntegramente hasta el final?...

Los últimos minutos del partido fueron realmente "un clásico", fueron Héctor enfrentándose a Aquiles: "Pero no quisiera morir cobardemente y sin gloria; sino realizando algo grande que llegara a conocimiento de los venideros.Esto dicho, desenvainó la aguda espada, grande y fuerte, que llevaba al costado. Y encogiéndose, se arrojó como el águila de alto vuelo se lanza a la llanura, atravesando las pardas nubes, para arrebatar la tierna corderilla o la tímida liebre; de igual manera arremetió Héctor blandiendo la aguda espada" (Héctor, La Ilíada :Canto XXII).

Queridos amigos, esto ha sido una epopeya; es así, como se los digo. Sí, es bueno saber que la honra todavía importa, que ese sentimiento aún existe y está vigente.
Y no respondo a uno por uno porque es muy grande la emoción y no puedo hacerlo ahora, pero no pueden imaginarse qué bueno ha sido saber que en esto hemos estado todos juntos.

La próxima se juega el sábado.Mañana voy a hinchar por España, que ojalá le rompa el orto a los teutones. Tenés razón, Pepe, muy probablemente tendremos que esperar hasta el 2014 para enfrentarnos.
UN ABRAZO A TODOS.
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*"Los clásicos y nosotros", título de un libro de ensayos literarios referido a la vigencia de los clásicos, cuyo autor es Domingo Bordoli, alias "el Mingo", mi profesor de Literatura General en el Instituto de Profesores Artigas.
¡¡¡ GANAMOS, PERDIMOS

PERO EL PESTO

SE LO DIMOOOOOS !!!
¿Se acordaban de ese cantito?... Se los tenía reservado para un momento como éste.
¡VAMO' ARRIBA, VAMO'!

5/7/10

¿Y si el Pepe nos saca campeones?...*


Se los dije hace días antes de estar en este punto, que esto era una posibilidad, que EL PEPE ES IMPREDECIBLE, que basta informarse de la historia de su vida y ver las fotos de él que he ido colgando en este blog -desde que iba en la motito a vender con Lucía las flores en las ferias hasta acomodarse la banda de Presidente (y eso que no tengo ninguna de cuando era rehén)- para saber que con él todo puede ser posible y convertirse en realidad. Es una caja de sorpresas. Se los dije: ¿y si el Pepe logra el milagro de que SÁLGAMOS CAMPIONES?...jejeje... Ya ven, en mi percepción y sentimientos todo se mezcla con esta oleada de esperanzas que estamos viviendo los uruguayos de un tiempo a esta parte.

Ya ganamos, qué más podemos pedir, pero -como diría mamado hasta las patas por la alegría de la victoria el Mingo - ¡¡¡ VAMO'ARRIBA LA ESPERANZA!!!
Y no mezclo más la política con el fobal ni opino más, porque esto no es lo mío. Además, para qué hablar si otras lo hacen mejor. Transcribo aquí lo que publicó hoy la genia de Constanza Moreira - politóloga y genial- en la contratapa de La República.

Y no me importa si esto les parece largo, El Santi publica unos post kilométricos y todos lo adoran.
A la derecha les dejo la medallita con la lechuza que representa a Palas Atenea, hija de Zeus,diosa de la inteligencia y artera beneficiaria de los aqueos por si -sin nada en qué tener fe- quieren aferrarse a ella. A ella nos vamos a aferrar Goliardo y yo -ateos ambos-, como único fetiche,a las 15.30 hs. a ver si nos favorece y nos protege de los holandeses y beneficia a nosotros, los orientales.
AUTOESTIMA
Por Constanza Moreira **
Diario La república, 5 de julio de 2010

Los uruguayos acaban de recibir un baño de autoestima: no sólo entramos a octavos, sino en cuartos, y estamos a las puertas de jugar la semifinal luego de cuarenta años. Y eso tras dos sendos partidos que a muchos dejaron con la lengua afuera y el corazón acelerado. Así vamos de juego en juego, subiendo con la celeste en la escalera de los triunfos. Para muchos, una sensación inaudita (para los jóvenes que inundan las calles con sus banderas estos días), para otros, una suerte de ciclo del eterno retorno "volveremos volveremos, volveremos otra vez, volveremos a ser campeones como la primera vez", reza uno de los muchos cánticos que se vitorean aludiendo a la victoria de 1930.
Y en estos días, al menos hasta hoy, hubo una cierta euforia ­muy efímera por cierto- "mercosureña". Habían entrado entres los ocho mejores, Brasil, Argentina, Uruguay y Paraguay. Pero uno tras otro fueron abandonando la arena victoriosa y dejaron del Mercosur, y de toda América, sólo a Uruguay con los pies adentro. Para muchos, la pérdida de Brasil, Argentina o Paraguay pudo ser sentida como propia. Para otros, en cambio, envidias y competencias tribales mediante, el sentimiento de la patria grande no fue tan fuerte. Y entonces algunos festejaron que habían perdido los "favoritos" de siempre, argentinos o brasileños, o sintieron el orgullo, tan inocente como egoísta, de que sólo nosotros llegamos. Y el hecho de que sea el paisito el que entra ya era motivo de orgullo suficiente, como para que lo empañe el fracaso de los pares. Porque los latinoamericanos son nuestros pares, ¿no?
Más allá de eso, es cierto que esta sensación de "podemos" del Uruguay jugando en semifinal, se parece un poco a la frase estampada junto a la figura de Mujica en la propaganda de 2004: "vos sabés que se puede". Eso rezaba el slogan de la 609 hace seis años, y eso se siente ahora: se puede. Se puede y se llega.
Para muchos, Mujica y Tabarez pueden ser considerados parte de la misma liga. Para otros, es el período próspero que pasamos de la mano del gobierno del Frente Amplio, lo que ha permitido que pudiéramos tener un equipo "de primera". La propia forma en que el Semanario Brecha consigna estos fenómenos en las primeras páginas, habitualmente dedicadas a la política, muestra la importancia de esto entre filas de la izquierda. Y es la propia izquierda la que mira, con un gesto a un tiempo perplejo y amigo, la concurrencia multitudinaria de jóvenes que invadían el viernes desde el obelisco hasta la plaza Independencia, en una multitud tan abigarrada, que alguno la comparaba con los actos que alguna vez supo hacer la izquierda, y que llenaban cuadras y cuadras con el mismo fervor. Allí había auténtica alegría. Una alegría que es la contracara de ese dolor que pasa. De ese dolor, como consigna la canción de No Te Va a Gustar, que va a pasar porque "mañana va a ser un gran día". Un día en que podremos "mirarnos las caras entre todos". Entonces hay que "defender la alegría" decía el FA, entre primera y segunda vuelta. Porque ganar, era una alegría.
Esta alegría es la contracara del pesimismo uruguayo que tan bien describió Mario Benedetti, mezcla de miedo y cobardía, de resignación y de pereza, de indiferencia y apatía. Porque la resistencia al cambio es también, y sobre todo, la fatal combinación de la resistencia de las elites a perder sus privilegios y de la poca autoestima de los pueblos a hacer valer sus intereses y derechos. Esto es así desde que el mundo es mundo, y los uruguayos probablemente hayamos comenzado a ser pesimistas, el día en que lo que queríamos del mundo (nuestras expectativas) comenzaron a alejarse cada vez más de lo que el mundo ofrecía darnos. Y sí, quizá eso haya empezado a suceder en los años sesenta, cuando la crisis de estancamiento del Uruguay y la opción entonces tomada por empresarios y políticos, comenzó a barrer por tierra las expectativas de los trabajadores y de las clases medias. Fue allí cuando el Uruguay se transformó en país de migración.
Aún así, los años sesenta fueron de resistencia. Y sobre el inicio de los setenta, el Uruguay asistió a la gestación de ese invento político que alteraría todo el funcionamiento de uno de los sistemas de partidos más antiguo del mundo: el Frente Amplio. Solo recién después del golpe de Estado, y la virulencia de la escalada represiva, se hizo ya virtualmente imposible ofrecer alguna resistencia al avasallamiento impuesto "desde arriba". Y fue antes de todo eso, que el Uruguay consiguió llegar a esas semifinales ahora tan valoradas pero en esos años desmerecidas y catalogadas incluso de rotundo fracaso, como en México 70´.
El pesimismo uruguayo se extendió desde allí hasta acá, con algunos períodos de bonanza. En particular, los datos indican que los uruguayos, además, no nos hemos caracterizado nunca por ser optimistas. Hemos mantenido una perspectiva negativa del futuro durante años y años en forma sistemática y consistente. También, hemos sabido ser el país más pesimista de América Latina. Sin embargo, en los últimos años, tanto en la evaluación del presente con relación al pasado, como en la perspectiva del futuro mirado desde el presente, el balance de los uruguayos arroja un saldo positivo. No solamente pensamos que estamos mejor ahora que lo que estábamos hace cinco años, sino que pensamos que estaremos mejor en el futuro de lo que estamos ahora. Este fenómeno, relativamente reciente, obedece tanto a la percepción sobre la prosperidad del país en estos años (una prosperidad relativamente inédita en el último cuarto de siglo), como al propio cambio político. Las encuestas que relevan el optimismo en la opinión pública miden tanto la evaluación sobre la situación económica del país como sobre la situación política. En ambas dimensiones el Uruguay está mejor.
Probablemente entre el cambio en las percepciones sobre el país y el hecho de haber pasado de octavos de final a semifinal, y figurar entre los cuatro mejores, no exista ninguna correlación estadísticamente significativa, y los resultados del juego de once contra once en una cancha, poca relación tengan con el contexto del país que representa el equipo (y que difícilmente habiten sus jugadores repatriados o mejor dicho peregrinos). Pero la gente relaciona ambas cosas, y eso dice mucho sobre la cultura de los uruguayos, ya que la cultura de un país no está relacionada con lo que "pasa" (objetivamente) sino con lo que la gente "cree que pasa". Y ese fenómeno, que a Sanguinetti le insumió tanta energía entender, en su momento, a saber, la diferencia entre la "temperatura" y la "sensación térmica" (recuérdese que Sanguinetti hablaba sobre una asimetría entre los indicadores "objetivos" y la evaluación negativa que la gente hacía sobre su gobierno), se llama cultura. Es la mediación entre lo que pasa y como nos sentimos. En 1996, sólo un 40% de los uruguayos creía que el futuro político sería mejor. Diez años después, en 2007, el 63% de los uruguayos creía que el futuro político sería mejor. La cultura tiene que ver con lo que pasa (y probablemente, hoy estemos mejor políticamente que hace diez años en indicadores "objetivos", aunque llevaría a una larguísima polémica defender esta evaluación), pero sobre todo, con lo que la gente cree que está pasando. Y en cuánto nos guste o no de lo que pasa.
Muchos vinculan el relativo triunfo hasta ahora de Uruguay, con el cambio político reciente. Por suerte, el gobierno se ha abstenido de hacer esta vinculación; una tentación siempre presente para legitimar lo hecho. Pero lo cierto es que en todos lugares se respira, una cierta mejoría de la autoestima nacional.
Este cambio resulta más visible entre los jóvenes que en el resto, y por ello, en los festejos de la tarde (y noche) del viernes, muchos gritaban: "nosotros no vivimos el cincuenta". Es que para ellos el futuro llegó, hace rato. Y no quieren esperar más (o tanto) para sentirse bien, o para sentirse mejor, siendo lo que son: uruguayos.

* Palabras de una compañera mientras mirábamos el partido en el Liceo.
**Senadora de la República, Espacio 609, FA
Yo -como la gran mayoría de los uruguayos- ya estoy en la victoria, así que nos encontramos después del partido.