20/7/09

Romance de la luna luna


La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

-¡Huye luna, luna, luna!
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

-¡Niño, déjame que baile!
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

-¡Huye luna, luna, luna!,
que ya siento sus caballos.
-¡Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado!

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.
FEDERICO GARCÍA LORCA(1898 - 1936)
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Hace cuarenta años que el hombre pisó la luna por primera vez, y la maestra nos explicaba cómo era eso posible. Y no sólo eso fue lo más grandioso, sino que nosotros pudimos acompañar ese momento en simultáneo desde nuestras casas, viéndolo como un espectáculo por televisión . Fue una gran emoción.
Hace treinta años que di en clase por primera vez este poema.
Hoy prefiero recordar ese momento viendo a la luna como lo hizo García Lorca, como una mujer hermosa, que guarda su misterio y sigue ejerciendo una mágica fascinación.

16/7/09

Paseíto por Montevideo


Desde que se me ha pasado el tiempo y he constatado finalmente con certeza que nunca viviré en Montevideo, disfruto de esas calles medio rotas, medio sucias, grises siempre, del centro y de la ciudad vieja, de la paquetería de los barrios costeros más al este, de esa rambla maravillosa que empieza en Capurro bordeando el mar y sigue por toda la ciudad hasta Carrasco.

Vivir en Las Piedras, no ir todos los días a Montevideo como antes sino de vez en cuando, trabajar diariamente en una zona semirrural de Canelones,y estar a veinte kilómetros del centro, me da la posibilidad de mirar a Montevideo desde afuera, con otros ojos, como si fuera turista. Alejarme de ella me ha devuelto la sorpresa y el asombro de encontrarla cuando la miro.

Cuando estoy allí ya no me siento como si la vida me hubiera robado algo, sino que observo todo como si fuera la primera vez y me gusta, me gusta mucho. Lo que más me gusta es el mar, ese mar que se aparece por todos lados.

Comparto este paseíto del jueves pasado y ese día muy frío y luminoso con los amigos del otro lado del Atlántico que no conocen estos lugares. También con los de este lado que los conocen y los extrañan. Y especialmente con los anónimos poetas que frecuentan los boliches y dejan sus jirones escritos en servilletas de papel.

6/7/09

Lo logré

Fuera de contexto, con varios días de atraso, cuando ya habíamos dado el tema por cerrado en este momento, justo en un día en que la conexión a internet funciona muy mal y la banda ancha parece angosta, logré subir la música de Gluck con "La danza de los espíritus" tocada por el Tata. Él dice que ésta es su primera grabación y hasta me ha contado lo nervioso que se puso cuando la tocó, pero sé que el oído y el corazón no me engañan y que quien lo acompaña en el piano es Beatriz.
También sé que el Santi deseaba escuchar esto. Va dedicado a él, a ver si los espíritus de la música lo devuelven a la blogósfera donde su ausencia ya se está sintiendo.