30/3/08

Las recetas no existen ...

No podré hacer aquí, con este tema, una síntesis y publicar una antología interesante como hicimos con la reseña de los juegos . En realidad, todo el mundo chamulló, blablableó, ostentó, pero recetas... lo que se dice “recetas”... ¡mmm!


El único que se tomó en serio la cosa y aportó una receta concreta y de verdad fue Juan Pascualero, donde lo más erotizante parece estar no en la comida en sí, sino en salir a cazar caracoles con la persona amada, de noche por el jardín, y en la ansiedad que produce esperar una semana la purga de los caracoles para poder elaborar el plato. Se imaginan que, cuando realmente se llegue a la degustación del plato, el deseo ya debe ser algo incontrolable.


Pepe estuvo mucho más concreto, ofreció el champán ; muy fino y apropiado para la ocasión.Y Roberto se quedó esperando propuestas para poder aconsejar el vino adecuado.
Se ve que nadie estuvo muy interesado en escoger, porque yo ofrecí publicar las recetas del menú que incluí en mi noche de ensueño y erotizante y nadie me las solicitó. Creo que a todos les resultó allí la ambientación mucho más interesante que la comida .


Algunos han demostrado su maestría en versear sin concretar. No obstante, son muy útiles, creo, los consejos del Santi respecto al uso de la temperatura para cocinar y cómo aprontar la cacerola, detalle que no es menor. También las sugerencias de Germán, que es otro en estar de acuerdo con que la comida es lo de menos, lo de más es el después. Andrea demostró ser una maga explicando cómo se puede encontrar el éxtasis con tan sólo romper un huevo. Y Rossana, quien los que la conocemos sabemos que lo suyo no es precisamente la cocina, no se ha quedado atrás y mostró su hilacha compartiendo el secreto de cómo ahorrar y, además, tener al marido contento sin cocinarle , arreglándose tan sólo con una nuez, que ni siquiera se la come sino que la guarda para otra vez.

Muchos amigos han pasado por aquí sin aportar recetas y dejando su saludo, tal vez esperando encontrar alguna interesante. Pero en estos post ha quedado comprobado ampliamente que en lo erótico, erotizante o afrodisíaco las recetas no existen. Sí es verdad que hay alimentos y condimentos que facilitan, pero no son el viagra ni ninguno puede hacer milagros, que nadie se engañe. Si no hay voluntad de seducir y de convertir en especial un momento común , no hay bebida, ni postre, ni receta, ni condimento, ni viagra que pueda y que valga.

En síntesis, lo importante no es lo que se coma, sino cómo. Lo importante es la actitud, aunque me gusta más decir que lo importante es la magia que uno le ponga.

12/3/08

Aquí está el sitio...

...para que dejes tu receta. El Santi, entusiasmado con el bolero y sus resultados, convocó a un concurso de recetas eróticas y escogió para dejarlas este lugar. Ya hay dos en la entrada del 3 de marzo.Haremos como con los juegos, una vez recolectadas, publicaremos la síntesis.
Y vos, ¿te animás?...¿alguna vez pusiste en práctica el erotismo de la cocina?...

11/3/08

Receta para una cena erotizante


Ya se los dije, no todo es literatura en nuestra existencia, también un poco es bolero, pero mucho es la cocina, ese laboratorio maravilloso que nos nutre para la vida. Hay una conexión innegable entre la sabrosa comida, el amor y el sexo. Después de todo, todo se trata de apetencias.


Desde la Antigüedad se sabe que hay hierbas y alimentos que contienen sustancias que despiertan el deseo sexual y vigorizan. Ya los griegos inventaban recetas tratando de mezclar las sustancias afrodisíacas de los alimentos de modo de alcanzar la gloria también en esas lides del amor o dejarse vencer por Afrodita.


Algunos teóricos opinan que parte del erotismo de la cocina debe encontrarse en cocinar juntos, trabajar en equipo, porque en esa tarea compartida el deseo se renueva. Yo no estoy de acuerdo con eso; empezando que no voy a hablar de “cocina erótica”, sino de “cocina erotizante” o “afrodisíaca”; y tampoco voy a hablar de cocina sino de “cena”, donde la comida -como el texto en el teatro- es un elemento más. Tampoco estoy de acuerdo, en esas circunstancias, con el trabajo de la pareja en equipo, porque entre caricia va, besito viene, “ay, amor, pelame esta papa”, “sí, mi vida, dorame la cebollita”, “picame los champignones, tesoro”, “probate este mejillón, tiburona”, “alcanzame la copa, mi rey”, lo más probable es que se termine sin cocinar y sin comer, corriendo por encima de la mesada y saltando la pileta como en el caso del bolero.

Una cena erótica no se trata simplemente de tirar en la olla sustancias afrodisíacas; cocinar es un arte y una cena de ésas se desea, se sueña, se planea y luego se realiza como una fiesta, y se paladea. Una cena de ésas debe ser sorpresa, debe envolverlo y sorprenderlo, dejarlo estupefacto.

Para empezar, ella se esmera y, con detalles, pone la casa bien acogedora. El llega del trabajo, seguramente cansado. Ella sale al zaguán a recibirlo; él la saluda y se hace el bobo, pero sabe que cuando ella se pone los tacos negros y se pinta la cara es como los indios, quiere guerra. Siente su perfume que le estremece de sólo pensar, deja apresurado el portafolio y la campera y sube al living; sólo la lámpara del rincón está encendida. Ella le pregunta “whisky o vino”; él dice “whisky”. Ella sirve los dos vasos, pone el hielo y trae los bocadillos: aperitivo sensual, galletitas saladas, tostaditas con albahaca y oliva, paté de víbora resucitada, caviar, queso con cerezas rojo pasión, viagra de frutos secos y queso en pelotas. Picotean y ríen amorosamente mientras escuchan a Aznavour y a la Piaff y huele a canela el aire.

Después ella lo invita a la cocina. Se esmeró con la mesa: el mantel blanco que era de la madre de él, la loza inglesa de la suya, los cubiertos nuevos y las copas finas; en el centro las velas y las flores. Él cambia la música, pone a Bebo y el Cigala mientras comen livianito pero gustoso, poco pero sabroso: bifes de merluza a la roquefort, paltas de cupido, endivia a la tentación del paraíso y caballas fervorosas. Ella debería servir vino blanco, pero él prefiere un tannat; ella le acompaña con cabernet, después de todo Puglia dice que se puede mezclar tintos con lo que uno quiera. Chocan varias veces las copas mientras sonríen.

Mejor no comer los postres, ni abusar tomando champagne arriba del vino. Se gratifican con lo dulce comiendo almendras, nueces, pasas de uva, semillas de sésamo tostadas y brindando con una pócima revitalizadora. Suavemente suena Louis Armostrong. Ya no sonríen, el tiempo se detiene, sólo se miran y se pierde uno con el otro en la mirada.

Y allí empieza la salsa...


9/3/08

No todo es literatura

Hoy, domingo, único día de la semana en que no tengo que salir a trabajar a las ocho de la mañana, me desayuno tranquilamente degustando el mate aquí, en mi rincón, y haciendo la ronda de visitas matinales. Esto ya se convirtió en una hermosa costumbre, parte gratificante de mis días.
Anduve ya por lo de casi todos y le di la acogida a Juan Pascualero. Para los que no se enteraron, ya abrió su blog y empezó con un precioso cuento.
No sé por qué lo de las recetas, que propone el Santi para que escriba una entrada, me ronda en la cabeza. Ya hace varios días que ando pensando en platos y buscando en la interné ingredientes para la cocina erótica. Aunque Él - el que acompaña mis días y me hace el aguante mientras blogueo- no puede creer que el Santi esté pidiendo recetas, dice que su amigo parece estar para la rejoda y que si es en esto que va a terminar este cenáculo tan largamente pensado para ser un intercambio intelectual, literario y sensible. La verdad es que lo del cenáculo es cierto, pero también es cierto que esto siempre pretendió ser un lugar donde nos juntáramos para encontrarnos y conversar cada uno con su café , con su vinito y con sus cigarros ,aunque yo no fume más. Disculpen, pero tengo que decir constantemente que no fumo más para reafirmar mi voluntad de no encender un cigarro ahora.
La verdad -les decía- es que yo no veo con malos ojos que, por más literario que pretenda ser esto, nos carcajeemos un poco. Ya les dije que no soy artista ni escritora y para mí es bueno que las mentes iluminadas de todos los amigos que vienen por aquí - la "flor y nata de los blogs" como les llama el Santi- también tengan un ratito de esparcimiento y diversión.
Hoy es domingo, ya saben que debo ir ahora a la feria. Pero mientras tanto, voy a ir pensando qué cocinaré un día de estos - día no, noche- con cien gramos de camarones y medio kilo de mejillones que tengo guardados en el freezer hace una semana, mariscos señalados como altamente erotizantes o afrodisíacos, aunque en nada se asemejan a las ostras.
Ya sé que no sólo de pan vive el hombre, pero tampoco todo es literatura, ¿verdad?

2/3/08

Seis boleros para mí


Queridos míos, hace rato que fui a buscar el bolero y -¡opa!- me encontré con seis. No empecé a escribir antes porque me estuve riendo a carcajadas, así como me gusta. Todavía me duele la barriga de tanto reír. La verdad, no sé qué decir… Me río, sí, pero ustedes me emocionan… No sé quién empezó con el jueguito; ya sé que se divirtieron mucho a mi costa, pero esto es una demostración infinita de afecto, hacer que me tome los cincuenta para la chacota y que, además de reírme, se me pudra el bocho pensando en las cosas que todavía puedo hacer con Él; es un regalo sin igual e invalorable.

Hay un chiste que dice: “Mujer, si tenés más de cuarenta y, cuando te despertás, te duele la espalda, el cuello, los brazos, no te podés enderezar de una al levantarte y sentís que las piernas te estallan, no te preocupes…¡sonríe!...es que estás viva”. La verdad es que ese chiste es la purísima verdad, así más o menos me despierto todos los días después de los cuarenta y cinco, pero trato de sonreír; no me voy a poner a llorar como cuando me deprimí porque cumplía veinticinco. Las patas de gallo, los quince kilos más, la tintura obligada para el pelo, la reventura (como le digo yo) de las várices, el dolor en la cintura cuando me agacho o me enderezo, bueno, todos esos achaques, me costó pero han sido asumidos y no hacen más que recordarme -junto al ánimo que me dan algunas amigas-que estoy en la edad de disfrutar, de aprovechar la vida y –ya que dejé de fumar- comérmela a bocanadas, tratando de encontrar felicidad en lo que me rodea . Claro, que no siempre veo la vida así; también me quejo, del trabajo, del sueldo, de tener que limpiar, del desorden, de la rutina, etc.

La verdad es que este primer medio siglo se me pasó volando, todo parece que hubiera sido ayer. Ya terminó el tiempo en que llegaba corriendo del trabajo porque había que cuidar a los niños, o de correr para darles la papilla o la mamadera antes de irme, o de no salir porque no podíamos dejarlos solos. A festejar se ha dicho, que para eso tengo a mi lado al hombre de platinada cabellera, y a mis dos jóvenes, que me hacen el aguante hasta cuando grito descontrolada por el desorden y la mugre de la casa..

¡Libérate mujer!... me dicen mis amigas cuando me quejo; y me lo digo cada día. ¡Y a bailar bolero!...

Tu bolero, Santi, me ubica en mi ámbito natural –en el que yo también siempre me ubico-, en la cocina, con ardores que no son los de las cacerolas. Vos sabés que si con algo, entre otras cosas, he sido capaz de apasionar a ese hombre a lo largo de estos años, ha sido , sin ninguna duda, con el fuego de unos buenos estofados. Con eso las tiburonas no pueden. Y él es capaz de lavar montañas de vajilla con tal de saborear el estofado bailando bolero conmigo. Eso sí, y el Santi lo sabe, para que no haya gente entrando y saliendo a toda hora en mi casa y en mi cocina, es muy difícil.

El tuyo,Germán, me dejó boquiabierta.¡Cómo te zarpaste! Y, arriba de todo, decís por algún lado que es difícil para vos, conociendo a los personajes, no imaginar la situación. Tu versión captó muy bien la angustia de la hora, sobre todo cuando nadie abandona la cocina y al otro día hay que levantarse a las siete de la mañana para ir a trabajar. Me gustó que tu bolero empezara en la cocina, pero que terminara en otro ámbito más cómodo y acogedor, la catrera.

La “bolecumbia” o “cumbialero” de Ross -como le llama el Santi- realmente llegó a ruborizarme… ¡y eso que venía de los boleros del Santi y de Germán! … Tu letra capta también esa escisión de una entre ser madre y/o mujer. Pero Ross, te pasaste. Sabido es que desde mi temprana juventud vos siempre me impulsaste a la intrepidez, pero esto a los cincuenta es muy fuerte. Creo que nunca más voy a poder acercarme a la mesada de la cocina sin morirme de risa imaginándome parada arriba del granito pidiéndole a Él que me destroce a tarascones, mientras sorteamos la pileta y empuñamos el instrumento.

Claudia, menos mal que viniste desde lejos a rescatarme de tanta chabacanería. Gracias, amiga, por elevar mi pasión a un plano metafórico al son de un bolero. Tu letra logra expresar finamente los temores de esta cincuenteña ( como nos llama Anna) cuando le rondan a su hombre en el mundo exterior y la tibia felicidad que encuentra apoyando su mejilla en el perfil aristocrático, protegida por la intimidad de su cocina. ¿Sabías que me encantan los tulipanes?

Andrea, lo tuyo también es muy fino y, como buena docente, contextualizado. Tu primer bolero alude a mi gusto por enseñar y el segundo a estos días de lluvia. Siempre me ha encantado lo primero, pero no hay nada como un buen chaparrón cuando no hay yerba para el mate.

Dina, aunque no te hayas atrevido a colgar tu bolero aprecio tus saludos bolerísticos.

Para terminar, ¿creen realmente que podré bailar así ese bolero?...